Primeros pobladores.

La estructura geomorfológica de los altos valles pirenaicos hace que la aparición del hombre en ellos no sea fácil de determinar.

Generalizando tendríamos que considerar que las condiciones geográficas y climáticas de los valles, especialmente duras, no facilitaron mucho la aparición de los primeros pobladores en estas tierras, incluso cuando las tierras mas bajas ya estaban ocupadas.

Sin embargo no se pueden desvincular estos valles de fenómenos de incidencia y extensión mas amplios. No se puede hablar de gentes y características distintas a los del resto de la banda pirenaica.



dolmenaguastuertas Dolmen en Aguastuertas.

Pasados los momentos climatológicos mas duros, estos valles debieron ser visitados en el Paleolítico por comunidades atraídas por manadas de animales, sobre todo herbívoros, que proliferarían aquí por la abundancia de pastos y agua adecuados.
Por el momento, a diferencia de otros puntos del Pirineo, no se han encontrado restos evidentes de esta ocupación.

Con la suavización climática, a finales del Paleolítico, estos grupos de cazadores verían mermadas sus posibilidades cinegéticas al desplazarse más al norte las grandes manadas de herbívoros que les servían de sustento. Este momento de franca regresión y depresión generalizada debió afectar estos valles.


Los cazadores irían transformando poco a poco su forma de vida, de cazadores a pastores, ya adentrados en el Neolítico.

Con rasgos de originalidad, los valles fueron ocupados en lo que conocemos como Mundo del Megalitismo.
Las manifestaciones de esta época son aquí más escasas que en los extremos de la cordillera, seguramente debido a una menor población a causa de las condiciones climáticas.
Se limitan a algunos megalitos, sobre todo dólmenes, construcciones pétreas de carácter funerario, círculos de piedras, cromlech y túmulos.
La mayoría de estas manifestaciones se concentran en la cabecera del valle del río Subordán, más abierto y accesible a la tierra llana que el del Veral, en el que destaca un grupo de cinco dolmenes al fondo del valle de Linza.



Puente romano. Sobre el río Veral.

La cronología de estos monumentos resulta incierta. Los materiales no son ni abundantes ni espectaculares.
No hay que olvidar la importancia del paso al otro lado de la cordillera por estos valles que fue muy utilizado desde el Eneolítico hasta la época romana.

Los tiempos posteriores, desde la Edad de Hierro al mundo romano no son bien conocidos. Poco a poco una población, aun escasa, se iría asentando en la zona.
Con la toma de Jaca por Catón en el 195 a.C. la presencia de los romanos se generaliza en la zona. Su presencia se hace notar más en el valle del Subordán, sobre todo por la existencia del paso pirenaico del Puerto del Palo, del que aun quedan restos bien marcados.
En el valle del Veral, menos accesible y más alejado, su influencia sería mas lenta, y sus restos se muestran reacios a aparecer. Aunque, estar, sin duda estuvieron, o al menos lo que culturalmente su presencia significaba.


Extraído de la obra: Cuadernos de Aragón, Ansó-Hecho. Trazo editorial, Zaragoza.


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