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¿Ansó? |
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En 1996, D. Juan Francisco Aznárez López, a instancia del Ayuntamiento de Ansó publicó un folleto en el que se explicaban los orígenes del nombre de Ansó.
D. Juan Francisco Aznárez López, natural de Ansó, fue canónigo de la catedral de Jaca. Estudioso de archivos y tradiciones, publicó y participo en varios estudios sobre ritos y costumbres en la comarca de la Jacetania.
Reproducimos aquí el folleto mencionado con su texto original al igual que las fotografías con su pié de foto.
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ANSÓ (vasco) = SANCHO (castellano) |
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Foto de portada. Vista oriental, tomada desde el alto del puente sobre el río Veral.
Al oriente, la Val de Garcés, con su fuente, paco o monte, borda de García.
Casas García y Garcés, en el interior del pueblo.
(Foto Peñarroya) |
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JUAN FRANCISCO AZNÁREZ LÓPEZ. |
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La ley de la mutua relación entre la morada y el habitante es históricamente válida. De ella resulta el conocido fenómeno pirenaico de que ambas clases de nombre, de personas y de lugares, que cambian frecuentemente su carácter; es decir, que hay nombres de lugar tomados de personas y nombres de personas tomados de lugares. Topónimos que en último término responderán a unos antropónimos que les prestaron su nombre. Para el origen de nuestros reyes, tema tan discutido en el pasado, hay dos antropónimos claros: Aznar y Sancho. Los condes Sancho, Sánchez, los condes Aznar o de Aznar; Sancho Garcés I casado con Toda Aznar, etc. A estos nombres propios corresponden otros dos lugares pirenaicos: Acenar, Aznar que a veces cambia, y Ansó, que en vascuence equivale a Sancho, tanto personal como locativamente. Un Ansó Oca, en nuestro castellano romance Sancho Oca, funda su torre Ansó Oca; Ansó Saonch, castellano Sancho Saez; Ansó, Joane, Onsalu, que el romancista traduce Sancho, Joan y Gonzalo. Este precioso testimonio de que el vasco Ansó es equivalente a castellano Sancho es prueba precisa de la referida equivalencia que figura en el «Cantar de Sandalii», Boletín de Lengua Vasca, Año X, San Sebastián, núms. 2, 3 y 4, año 1954. También en «Apellidos Vascos», de Louis Michelena, San Sebastián, 1953, donde consta el vasco Ansó como nombre que en español significa Sancho, o como la forma San-txo, nombre propio de Sancho, Sancho Lopetegui, Sanzberro, etc. El vocablo Ansó puro y sin aditamentos, sigue existiendo y es cabeza del valle de su nombre. Acenar, Aznar, hoy expardina, se hallaba ubicado al nordeste de Ansó, y del vallecito de Santiago. En su periferia, existieron, hasta la desamortización, la Iglesia y Cofradía Jacobeas, la de Santa Engracia y aún existe la de la Virgen de Puyeta, robada e incendiada en la guerra napoleónica, luego reconstruida. Pero sabemos que el antiguo altar de María era el único en la diócesis que llevaba pintados los trofeos de Jaca, los del Conde Aznar: cruz blanca en campo azul con dos bandas atravesadas y al otro lado cuatro cabezas blancas, coronadas, mirando todas a la cruz (P. Ramón de Huesca, Historia de las Iglesias de Aragón, Tomo VIII).
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NTRA. SRA. DE PUYETA. (Foto Sicilia) |
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A su vez Jaca, «para no olvidar jamás tan noble y generosa concurrencia ansotana en tan espantoso conflicto, simbolizó claramente a nuestros mayores ansotanos en el retablo mayor del Santuario de la Victoria, distinguiéndolos con su propio traje, como lo usan en el día y son conocidos entre todos los habitantes del Pirineo» (Dr. Leante. «El culto de María en la Diócesis de Jaca». Argensola, Revista Histórica, n.° 20. Huesca. Estudio de Virgilio Valenzuela, sobre la devoción de María en el Pirineo, Puyeta, La Victoria, etc.)Según el P. Ramón de Huesca, que vió estas interesantes pinturas las calificó de antiquísimas; y la gran batalla -batiellas- en ellas historiada tuvo una denominación muy arcaica, la de -mucrones-, dicción documentada en textos del siglo XI según probamos en nuestro estudio de historia jacetana.
Esta ley de la influencia mutua entre la toponimia y la antroponimia, avalada en este caso concreto por la historia y las tradiciones altoaragone-sas, era bien conocida de los historiadores vasconavarros y aragoneses. El Valle de Ansó cabalga sobre las fronteras navarro aragonesas; sus límites vacilaron algunas veces entre ambas regiones, las gentes de los dos valles, Roncal y Ansó, se entremezclaban y étnicamente se confundían. No interesaba por lo tanto a los historiadores acordarse del valle an-sotano cuando de viejas historias discutían, porque en este caso las presuntas glorias a defender ni serían abiertamente aragonesas, ni francamente vasconavarras. Pero allí quedan los alegados lugares junto con el de Sancho y Sanz, con que se significan casa de Sancho (pueblo) y el principio del valle por el sur, Sanz-Sancho, y el de Sansoria/Sanchorón al norte del valle para probar a todos que nuestra toponimia ancestral anda bastante de acuerdo con la versión que de Ansó nos dan los venerables textos vascoromances alegados y sus nuevos diccionarios. Allí queda ese valle, noble cual lo haya, personalísimo en cosas y costumbres, rico en folklore lingüístico y sobre todo en el indumentario, con sus balons y el corte singular de sus talares basquinas y saigüelos, nombres que tanto suenan a cosa vasca y romana y con sus peinados en corona que saben a recia nobleza. El Cyrro-Cyrrus (Churro) en ansotano. Allí queda el valle misterioso, escondido y como apartado del mundo; cerrado por esa geografía escabrosa que tan eficaz debió de ser para la organización de las primeras células clandestinas iniciadoras de la reconquista. Las foces roncalesas, las de Fago y particularmente la de Biniés, continuadas en cuarenta kilómetros hasta la frontera entre fragosidades, abismo y estrechos achares, impedían fácilmente las penetraciones agare-nas. Tanto el prólogo al Fuero de Sobrarbe como Zurita en sus Anales señalan a Ansó y a sobre Jaca como lugares que por la parte occidental del Aragón sirvieron de refugio a los cristianos en la primera etapa invasora, pueblos que el mentado analista coloca en la región de los vascones.Desapareció Aznar en el siglo XVI, quedando sus campos y cerros con el denominativo común de pardinas. Recuerdo de su pasado es la casa de Aznar sita en la plaza ansotana, junto a la de la villa, también existe la casa denominada de Ornat, que recuerda otro pueblo del valle ya desaparecido. Los Aznar y Ansó=Sancho fueron en lo antiguo nombres propios, hoy son apellidos. El Aznar pervive bastante con su patronímico Azná-rez; el Sancho fue común en las listas medievales; emigró en el pasado siglo, actualmente sobrevive en la comarca bajo su forma vasca, Ansó.
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Plaza de la villa de Ansó, con el edificio de las escuelas antiguas, donde yo estudié. Está restaurada la casa. Bellísima. (Foto Peñarroya) |
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Por todo lo que decimos puede verse que ambos nombres nada tienen de exóticos, sino que están vinculados a parcelas de esta tierra. Y si nada tienen de extranjeros, no hay por qué fantasear, como se hizo en el pasado, buscando fuera de aquí el origen de estos nombres y de sus respectivos hombres de sangre noble y real. La mutua ley de relación entre los lugares y personas debe prevalecer en la historia afirmando valientemente con el rey Jaime I, gran protector de Ansó, lo que un día dijo a los oscenses en su crónica escrita en nostra lingua: «Varones de Huesca, bien creo sabéis que Nos somos vuestro rey natural, y de tan largos tiempos, que catorce reyes ha habido con nosotros en Aragón, y aún es mucho más antigua la naturaleza y demás lexos viene el deudo que tenemos con vosotros. Porque, antes del primer rey que en las montañas fundó este reino, natural de él eran nuestros ascendientes».Entre los que destacaron por su calidad y cantidad los Ansó Garcés, es decir, los Sanchos Garcés o García Sánchez que, como la historia y la toponimia dicen, crearon sus gloriosas y reales cunas en los antros y escondites de este Pirineo Aragonés.
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En marcha a la misa solemne. Donde algunas mujeres visten saga (saya) y saigüelo (sagulum). En contraste, otros vestidos femeninos. (Foto Peñarroya) |
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En suma, podemos decir que cuando la gentilidad de los vascos pirenaicos sufrió la influencia del latín-romano hubo algunos vocablos vascos que aceptaron cambios importantes. Tal sucedió como el nombre propio ANSO, que en época medieval fue alterado por el romance castellano Sancio (Sancius), Sancho, Sánchez, Sanz, propios de nuestros reyes montañeses, aludidos por el rey Don Jaime I el Conquistador
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Casa Antón de Aznar. (Foto Peñarroya) |
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Diferentes trajes femeninos. Destacan el de Cofradía, de novia de calle, etc. La riqueza pectoral abunda en escapularios y en Virgen del Pilar. (Foto Peñarroya) |
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Cruz goda.
La tradición local la llama de San Martín, titular de la Iglesia del desaparecido pueblo de Ornata u Ornat. Junto con el nombre del pueblo Ansó salvó su gigantesca cruz de piedra. Está asentada al principio de la fuente y Val Garcés, sitio noble por la cruz y por la bondad de sus aguas. (Foto Peñarroya)
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Versión imprimible
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