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ANSÓ: Aproximación a su identidad. |
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Leemos en "Historia de Aragón, Guara Editorial ", que la presión demográfica existente en la Canal de Berdún a finales del siglo IX se resolvió con asentamientos formales y organizados. En aquellas fechas se poblaron entre otros Santa Engracia, Santa Cruz y Santa Cilia.
Ansó fue una creación política del conde Galindo, antes del año 924 y en pugna con el abad de Ciella. Los dos alegaban derechos. El Conde invocaría la ley franca, no goda, que proclamaba a los "príncipes" dueños y señores de las tierras baldías o abandonadas; el Abad se acogería a una ley de Constantino que, en tales casos, otorgaba al vecino el derecho de ocupación.
Galindo ganó la partida, pero de acuerdo con el Rey Sancho se compensó a los monjes de Ciella dándoles una Iglesia con sus correspondientes rentas; y a los de Siresa la propiedad de Oza y Guarrinza. Así nos lo cuenta la Historia de Aragón de Guara Editorial.
Duran Gudiol apunta que las tierra aguas arriba del río Veral estaban " a la sazón probablemente deshabitadas", y que fueran mozárabes o gentes de la Canal quienes poblaran Ansó. Pero unos y otros, fuertemente romanizados, no pudieron crear la toponimia vasca y menos, transmitirla. Luego en Ansó debieron darse cita una población que vivía dispersa y hablaba Euskera, junto a mozárabes venidos del Aragón musulmán que, por si solos, ya justificaban el nuevo asentamiento.
Todavía era discutida la autoridad Condal (están documentados los conflictos habidos) por lo que hubieron de concurrir también individuos totalmente fieles a Galindo para organizar y controlar a los colectivos citados. Estos individuos aportaron el nombre a nuestro valle y se convirtieron en " los notables de la aldea", conformando (habla Tuñón de Lara) un Consejo que gobernaba los bienes poseídos en común, tales como bosques y pastos. Doy por sentado que si el "poblamiento" hubiese estado tutelado por la Iglesia a Ansó le hubieran puesto nombre de Santa.
Una norma de respeto o sumisión descartaba dar a las casas y chozas mayor altura que a los templos. Por ello el primer caserío se levantaría en el llamado Barrio Bajo, salvo que ya la primera iglesia fuera un edificio relevante. Sólo cuando consiguieran un templo de mayor porte se decidirían a construir en el Barrio Alto. Y dado que en el siglo XIV se documenta la existencia de un tal Salvador Manato, es probable que en aquellas fechas el entorno donde están la casa y la plaza que llevan su nombre estuviera ya urbanizado.
Las casas alineadas frente al río Veral y el barranco Arrigo se levantarían como muralla defensiva. Reinando Pedro el Ceremonioso, los ansotanos se quejaron ante las Cortes por las consecuencias negativas de la guerra con Navarra. No obstante, a pesar de pestes y hambrunas, en esta época debió de aumentar la población o, al menos, el número de notables que pasaron de ser 14 en el siglo XII a unos 23 en 1368.
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La mujer germana tenía “sus derechos”. Las reinas medievales no hubieran existido en una sociedad exclusivamente romana y cristiana. En los años 40 y 50 del siglo pasado había en mi pueblo mujeres amas de su casa que sin complejos y llenas de coraje se desenvolvían en medio de aquella sociedad machista y represiva. Eran la versión correcta y amable del tipo de mujer germana, porque la versión más extrema había sido encarnada por “una mullé de casa Malcaráu”, con hazañas equiparables a las de la terrible reina Fredegunda.
En Ansó la palabra rico (del godo reiks) iba asociada a muchas ovejas, pero hasta el siglo XVIII se usó con el significado original de poderoso y no con el de acaudalado. El rico era o había de ser una persona fuerte, con iniciativa y/o cercana al poder. Su contrario no sería pobre (del latín pauper) sino “carcán”, una palabra ansotana de origen desconocido que expresa debilidad, falta de vigor y decrepitud. Estos matices se perciben en las conversaciones de los muy mayores cuando comentan, por ejemplo, que “os ricos también pasaban miseria; les valeba que teneban agarraderos”.
En Ansó y en Roncal se ejercía lo que los tratadistas llaman “la soberanía doméstica”, un tipo de autoridad de cuño germánico. Consistía en que el amo, además de ordenar, aconsejaba a los criados, que le escuchaban de buen grado. Todos sentados a la misma mesa les repartía la comida al tiempo que escanciaba la bebida (del godo skankjan), invitando a los comensales a tomar la bota o el porrón.
También es de origen germánico la adjudicación por sorteo de los pastos de verano. Julio César y Tácito observan este proceder en las tribus al otro lado del Rhin y del Danubio, y así lo cuentan en sus obras.
Johannes Bühler refiere el derecho sagrado a casa y huerto que en la sociedad germana tenían los varones casados. Mientras, Tuñón de Lara y García Moreno informan de la disposición de los huertos familiares en las aldeas germanas, agrupados y/o pegados a las casas, algo que en Ansó es todavía observable.
Cabe señalar que la palabra “ganado” es de origen godo y se refiere a los animales que comen hierba con avidez. En Ansó llamaban ganaderos a los tenían ovejas, quizás porque las vacas, menos voraces, no merecían el nombre de ganado.
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Sebastián Pérez. |
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